La producción de fertilizantes en Europa no cubre toda la demanda existente. Una situación que, lejos de mejorar, se ve agravada por el cierre de fábricas, y que aumenta la dependencia europea de estos productos fuera de la UE. De ahí que el sector agrícola haya manifestado su preocupación por las sanciones de la Comisión Europea a las importaciones de fertilizantes de Rusia y Bielorrusia.
En un artículo publicado por Agroinformación, se recoge esa inquietud que, según apuntan desde ASAJA, afecta a la competitividad agrícola europea y, especialmente, a la española. Aunque entienden las motivaciones políticas contra ambos países, consideran que se deberían buscar otras fórmulas compatibles con la protección de la producción agrícola española.
Dichas sanciones supondrían una presión adicional a las explotaciones agrícolas, con unas subidas en los precios de los fertilizantes de en torno a 40-50 €/tn. Ello se traduciría en “cifras prohibitivas” tres años después de que comenzara a aplicarse el reglamento propuesto.
A esto se suma la aplicación del Mecanismo de Ajuste en la Frontera del Carbono (CBAM) por parte de la UE, pues según apuntan desde Copa-Cogeca, también aumentará más los costes, tanto para la producción nacional, como para los proveedores de terceros países que entren en el mercado de la UE. Por todo ello, este organismo ya ha planteado una serie de medidas para minimizar el impacto sobre el sector:
- Eliminar los derechos antidumping sobre las importaciones originarias de Estados Unidos, Trinidad y Tobago de:
- Nitrato de amonio
- Mezclas de urea
- Suspender los derechos convencionales sobre las importaciones de los principales abonos.
- Conceder excepciones en virtud de la Directiva sobre nitratos (que se puedan utilizar efluentes ganaderos en las dosis necesarias para la producción agrícola sin complicaciones normativas)
Más allá de las sanciones de la CE a las importaciones de fertilizantes, ASAJA denuncia el inamovible precio del cereal desde hace 40 años, siendo que la evolución de los precios (maquinaria, abono, salarios, combustible, energía…) ha aumentado un 2% de media cada año. Aseguran que “el precio del cereal se ha quedado desplazado del sistema económico ordinario, lo que está derivando en la ruina de nuestros agricultores”. Por ello, piden un plan de choque que evite la destrucción del sector.
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