18 instituciones científicas y 16 países, entre ellos España, participan en el proyecto Activated Genebank Network (AGENT), destinado a encontrar los factores que faciliten una mejor adaptación de los cereales a la sequía. Para ello, cada país aporta sus variedades tradicionales con las que analizar la agrobiodiversidad europea. En total se evalúan 6.700 variedades de trigo y 5.200 de cebada. La contribución española llega a través del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con una colección de 500 variedades de trigo blando.
Así lo informan medios como La Tribuna de Ciudad Real, dónde se ahonda en el ensayo de tolerancia a la sequía en España, que está liderado por la investigadora Magdalena Ruiz. Consiste en hacer un gran ensayo de campo con dos réplicas (una parte se riega y la otra no), y posteriormente se analiza la respuesta de esas variedades propias del sur de Europa a la sequía.
Concretamente, el estudio español se desarrolla en la finca del INIA situada en Alcalá de Henares, dónde se evalúan 300 variedades de trigo de primavera extraídos del total de los aportes de todos los países. Y a su vez, esas 300 variedades también se estudian en Italia, por ser un país con unas condiciones climáticas similares.
La información del citado digital incluye testimonios de la investigadora del INIA-CSIC, Cristina Nieto, que apunta al objetivo principal de estos experimentos: tratar de averiguar en qué regiones y qué factores o qué genes están otorgando mayor tolerancia a la sequía, a partir de la gran variabilidad genética de estas variedades tradicionales. Y es que se trata de cultivos sembrados por los agricultores durante cientos de años antes de que se impusieran las variedades más productivas.
Un modus operandi que replican el resto de países participantes con sus variedades tradicionales, lo que -según explica Nieto- permite poner en común todos los recursos fitogenéticos de los bancos de semillas de Europa y realizar otras actividades, como por ejemplo, caracterizar molecularmente todas las colecciones de trigo. Posteriormente, el hallazgo de estos genes también puede ayudar a las variedades comerciales a ser más resistentes a la falta de agua (mediante cruce de genes).
En otro orden de cosas, cabe destacar otro ensayo diferente dentro del mismo proyecto, dónde se analizan 50 variedades de trigo comerciales de primavera y 50 de invierno sembrados en toda Europa, y que en los tres últimos años, ha servido para tomar datos de fenotipado que ayuden a definir los distintos mega ambientes europeos.
La investigación comenzó hace 4 años, aunque no se espera tener resultados hasta 2025, ya que se realizan muchas repeticiones y se trabaja con una enorme cantidad de variedades. Cabe destacar que el proyecto que incluye a numerosos países de la Unión Europea (UE), pero también a otros extracomunitarios como Suiza, Israel y Reino Unido.
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