Con el final del verano, llega la hora de planificar la próxima campaña del cereal. Una planificación que tiene como objetivo ajustar al máximo el gasto; especialmente, en un momento en el que el valor de la cosecha está marcado por unos precios mundiales muy bajos. Para tratar de optimizar la nueva campaña, UPA ha publicado un artículo donde ofrece una serie de recomendaciones, además de trazar un retrato de la situación actual por la que pasa el sector.
Según la citada publicación, para ajustar los costes de producción es necesario atender a cuatro factores fundamentales:
- SEMILLAS
Optar por semillas certificadas debería ser la primera decisión a la hora de sembrar un cultivo. Presenta numerosas ventajas frente al grano convencional, como el poder de germinación o una mayor resistencia a enfermedades y condiciones climatológicas.
Beneficios que quedan palpables en las pruebas que UPA está realizando en diferentes zonas de Castilla y León desde hace varias campañas. La semilla certificada ofrece rendimientos superiores al grano acondicionado (entre un 8 y un 12%). En el marco del Convenio “Grano Sostenible”, este proyecto pretende ayudar a los agricultores a mejorar la calidad de sus cultivos y aumentar la rentabilidad de sus explotaciones.
La elección de la semilla certificada influye en la dosis de siembra por hectárea. En el referido artículo se recomienda probar diferentes escenarios y acumular la experiencia necesaria para ajustar la dosis.
A la hora de elegir una semilla también se debe atender a las condiciones de la zona de producción. Por ello, resulta conveniente informarse previamente sobre el valor agronómico de las distintas variedades y su comportamiento en las diversas zonas agroclimáticas. Una información que puede encontrarse a través del GENVCE.
- FERTILIZACIÓN
Se trata del coste directo más importante y está muy condicionado por la geopolítica, ya que hay una gran dependencia de terceros países ante la escasez productora de España.
Lo primero de todo es calcular las necesidades de cada cultivo con un balance y unas expectativas de cosecha realistas. Lo ideal para una planificación acertada sería contar con una analítica de suelos, pero en todo caso, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos:
– Cultivo anterior y rendimiento obtenido: ofrece información sobre la extracción de nutrientes que se ha producido.
– No todos los cultivos tienen las mismas necesidades de nutrientes.
– Rendimiento esperado (utilizar la media de los últimos cinco años)
El nitrógeno es un elemento fundamental en la fertilización. Debido a su elevado coste, se debe aportar en su justa medida, además de hacerlo en tiempo y forma para evitar que se desaproveche. Existen manuales y aplicaciones que ayudan a calcular las unidades de nitrógeno necesarias.
A modo orientativo, y aunque en ese cálculo hay que tener en cuenta varios aspectos, una referencia para producciones de trigo o cebada de unos 3.000 kg/ha, podría estar sobre las 85-90 kilos de nitrógeno. Pese a la relevancia de este elemento en la fertilización, no hay que olvidar los problemas que pueden generar el déficit o exceso de otros elementos.
También la diversificación resulta importante. En zonas donde existe disponibilidad de fertilizantes orgánicos, suponen una buena alternativa a los fertilizantes minerales. Es necesario analizar detalladamente el producto utilizado en la explotación: características, contenidos en nutrientes…
En cuanto a los bioestimulantes, no son la solución a todos los problemas, pero pueden ayudar a mejorar nuestra gestión. Por ello, hay que asesorarse previamente sobre la conveniencia de su uso.
- ARRENDAMIENTO
El descenso de agricultores y la necesidad de un mayor dimensionamiento y optimización de los recursos está provocando un aumento en el tamaño de las explotaciones de cereales. Sin embargo, esas ampliaciones deben hacerse con cautela.
El precio de la tierra no deja de subir, y muchas veces, la escasa rentabilidad de los cultivos no es capaz de asumir el coste de la tierra. Se trata de un aspecto destacado de la cuenta de resultados que hay que vigilar, teniendo en cuenta la rentabilidad real del cultivo en cada zona.
- MAQUINARIA
Este coste tiene dos partidas diferenciadas.
– Coste directo: gasoil, repuestos, reparaciones…
– Amortización: del tractor, la sembradora, o cualquier otro apero.
Hay que prestar especial atención a las inversiones en maquinaria. Aspectos como la sequía o unos precios hundidos del cereal puede tensionar el pago de esa amortización.
Más allá de todos estos factores a tener en cuenta, el artículo también analiza la evolución de la superficie de cultivos herbáceos en España. El texto ha sido publicado, además de en la web de UPA, en la revista de la organización, llamada “La Tierra”. El número completo puede consultarse íntegramente en este enlace.
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